CAPÍTULO VIII
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Ichabod Crane - Tom Mison
O eso era lo que afirmaban sus madres.
Fuera como fuera, esa tesis le había labrado una interesante reputación. Su carácter franco y amable, pronto a la sonrisa, terminaba por culminar la candidatura perfecta para haberse convertido en uno de los miembros más apreciados de la comunidad.
Ese día el Reparador se mostraba más taciturno que de costumbre, dividido por dentro por causa de las dudas. Por una parte, comprendía la inminencia del peligro igual que cualquiera de ellos, pero por otra, sentía que a cada minuto que pasaba le iba ganando una repugnancia inevitable ante la idea de dar caza a uno de los suyos, una muchacha joven e indefensa por añadidura, cuyo crimen era tan solo haber huido, quién sabía de qué.
Tenían que capturarla viva, les habían especificado, pero no para interrogarla y averiguar sus razones, sino para dar en ella un escarmiento ejemplar que disuadiera de futuras rebeldías de una vez para siempre.
Aquello no estaba bien, no podía dejar de pensar Ekan. Si empezaban a revolverse entre ellos como perros sin lealtad, se tambalearían sin remedio las mismas estructuras que habían permitido la existencia de su sociedad.
Por otra parte, tenía la creencia profundamente inculcada de que no le correspondía a él ni a ningún otro de los habitantes del Mundo cuestionar los designios del Dios, por impenetrables que parecieran.
Expuso sus dudas en voz alta, creyendo como siempre que entre los suyos tenían la obligación de ser, sobre todo, sinceros. Sopesó con ellos los pros y los contras y, después de reflexionar largamente, dio su respuesta a la cuestión planteada por Issey, sobre el mejor modo de conducirse.
—Muy a mi pesar, como he dicho, me temo que no podemos desobedecer. Tendremos que confiar en que un interés superior dicta esos actos que se nos reclaman. Así que saldremos a buscar a la muchacha como nos piden, y la capturaremos con vida. Aunque me gustaría pediros el compromiso de hacerlo sin causarle daño alguno. Y luego veremos qué es lo que pasa. —Continuó con un suspiro—: Y ahora, a las cuestiones prácticas. Se me ocurre una forma de mejorar nuestras posibilidades y es protegernos de los efectos perniciosos del exterior. Cuando salen los Recolectores suelo enviarles con algún tipo de protección corporal, principalmente para librarles del frío y del aire contaminado.
»Pues bien, esta vez la protección tendrá que incluir el sol, su calor y su luz.

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